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Guga, la otra historia |
Faltaba menos de una hora para el día más importante de su carrera profesional y el brasileño Gustavo Kuerten, solo en la habitación, rasgaba su guitarra en la cálida noche de otoño de Lisboa. ¿Practicó los acordes de uno de sus temas preferidos, "Escaleras al cielo", de Led Zeppelin? Probablemente. Si hasta allí llegó con su tenis.
Con una estridente vestimenta, sorprendió al mundo en las dos increíbles semanas de 1997 en las que surgió de la nada para ganar Roland Garros. Desde entonces es una estrella y probablemente el tenista más popular del planeta, pero hay cosas que no cambian. "Mi día perfecto sería surfear por la mañana, juntarme con mis amigos para una comer en la playa, pasar tiempo con mi familia y quizás salir por la noche", explicó alguna vez.
Detrás del gesto casi siempre alegre de Kuerten hay una vida que se cruzó con la tragedia a los diez años, cuando su padre Aldo murió mientras arbitraba un partido de tenis. Su hermano Guilherme, discapacitado mental, lo inspiró a donar 200 dólares por cada partido a una asociación de padres y amigos de discapacitados, de la que su madre Alice es vicepresidenta.
Kuerten decidió concentrarse en ganar otro Grand Slam. Y lo logró en el Abierto de Francia de este año, donde volvió a ser el mismo de siempre: el larguirucho que saca golpes increíbles de un físico espigado y flexible. Pero Kuerten no llegó al número uno de casualidad. Tras las historias simpáticas y el reggae que suena en su discman, hay un deportista que se entrenó como nunca y que maduró notablemente en los últimos dos años.
Guga Kuerten es ya el mejor tenista del mundo, pero promete seguir rasgando su guitarra hasta sacarle los acordes que aún están por venir.
Gentileza Diario "Clarín"
Lunes 4 de Diciembre de 2000
| presentacion | Lugares&Atractivos |
| participacion | Deportes&Discapacidad |
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