La Sexualidad del Discapacitado Mental:
actitudes y comportamientos de la familia.

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Dra. Irma Aída Torres Fermán  
Dr. Fco. Javier Beltrán Guzmán
Jbeltran@bugs.invest.uv.mx
Instituto de investigaciones Psicológicas Universidad Veracruzana, México
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RESUMEN
Con respecto a los deficientes mentales, en este trabajo se afirma que: son seres humanos dotados de sexualidad y que por ende, tienen derecho ha expresarla.  Dicho de otra manera, la sexualidad como forma de ser en el mundo y estar con los otros existe también en la persona con deficiencia mental.
Las experiencias del niño o el adolescente con deficiencia mental en la esfera de la sexualidad son un dispositivo estimulador del desarrollo de su persona. Si se está de acuerdo con esta afirmación, bien valdrá la pena preguntarse ¿por qué la sociedad pone en duda la sexualidad de las personas con deficiencia mental?, ¿se debe hablar en específico de la sexualidad de estas personas? ¿Cómo influyen los comportamientos y actitudes de la familia en la sexualidad del deficiente mental?. Estas y otras preguntas se discuten y analizan en este documento.
Palabras clave: Sexualidad, discapacitado mental, actitudes, familia.
 
SUMMARY
With regard to the faulty mental, in this work is affirmed that: they are human beings endowed with sexuality and that reason, they are entitled there be to express it.  Said otherwise, the sexuality how form of being in the world and be with the other also exists in the person with mental deficiency.
The experiences of the boy or the adolescent with mental deficiency in the sphere of the sexuality help to development of their personnality. If does one agree with this statement, it well will be worthwhile wonder why does the society question the sexuality of the people with mental deficiency?, should we speak in specific of the sexuality of these people? How do they influence the behaviors and attitudes of the family in the sexuality of the faulty mental?. These and other questions are discussed and analyze in this document.
Key words: Sexuality, mental handicaped, attitudes, family.

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"El drama de estos niños está hecho de desesperanza.
Aceptarse con sus límites intelectuales o con su miseria física
supone una posibilidad de rebelión creativa o salvadora
a lo largo de un camino donde se ha percibido el drama personal.
Elegir una vida es elegir siempre una lucha".
M. Manoni (1987: 155).

¿Qué sucede cuando los padres se enteran de que su hijo es    

   Deficiente Mental?

            ¿Cómo reaccionan los padres ante esta noticia?

¿Qué tipo de comportamientos y actitudes asumen en la crianza  de 

   su hijo con Deficiencia mental?

            ¿Cómo ocurre el desarrollo del niño con deficiencia mental?

 
Estas y otras preguntas  acerca del nacimiento y desarrollo del pequeño con deficiencia mental  nos permiten situarnos en el clima que impera en su familia y de que manera éste clima puede influir en el desarrollo y conformación de su personalidad. 
 
“Personalidad” es un término que se utiliza comúnmente para designar el conjunto de formas relativamente consistentes de interactuar con las personas y situaciones que hacen único e irrepetible a cada individuo.
 
Papalia (1987) señala que, de acuerdo a la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud, el individuo se halla en constante conflicto entre sus impulsos biológicos y la necesidad de dominarlos. Aún más, es necesario considerar que dentro de la personalidad existen tres elementos indisociables: la cognición, la afectividad y la socialización; estos se determinan mutuamente, a manera de interrelaciones dinámicas.
 
El desarrollo  psicosexual es el eje integrador de estos elementos, al tiempo que es resultado de los anteriores. Por ende, si se favorece el desarrollo armónico de estos tres elementos, se favorecerá el desarrollo armonioso de la sexualidad, con lo que se estará propiciando una vida sexual plena en el sujeto, libre de conflictos internos y, con ello, se estimulará en él un mayor aprovechamiento de sus capacidades cognoscitivas, afectivas y sociales.
 
La dinámica interna de estos procesos da como resultado la forma de ser de un individuo en particular; esto es, la personalidad es el resultado de la interacción  entre elementos cognoscitivos y socioafectivos; por lo tanto, no se pueden considerar de manera aislada sino como componentes de un desarrollo integral.
 
El desarrollo  de acuerdo a Bailey y Wolery (1992) (véase en Heward,  1998)  es concebido en forma amplia, incluyendo en él los cambios de la conducta, los pensamientos, los sentimientos y la competencia en múltiples áreas de funcionamiento. Asimismo, mencionan que éste deriva en parte  de la maduración  y en parte de las interacciones con el entorno social y físico. En consecuencia, la tarea de padres, cuidadores y otros miembros de la familia con quienes convive el pequeño, es crearle entornos y proporcionarle actividades que potencien y promuevan sus capacidades , ayudando así a su desarrollo.
 
Desde esta perspectiva, es importante preguntarse cómo es concebido un niño con deficiencia mental por la sociedad y por su madre, y de qué manera afecta su desarrollo personal la percepción que se tiene de él.
 
En principio, es importante señalar que el niño con deficiencia mental es un pequeño que, dadas sus limitaciones y desventajas cognoscitivas, es percibido por la sociedad como un ser incompleto.  
Manoni (1987) afirma al respecto:
"En nuestra civilización no hay lugar para un ser humano
incapaz de cierto rendimiento social o escolar determinado".
Y, al referirse a los deficientes mentales, abunda:
"No hay sitio en nuestra sociedad para el deficiente mental;
muchos niños son orientados hacia el fracaso
cuando se les podría dar una posibilidad de desarrollo
en un medio escolar donde les sería más fácil vivir”. 
(153-156)
 
 
Con respecto a cómo recibe la madre la noticia de que su hijo presenta limitaciones cognoscitivas, esta misma autora dice lo siguiente: "A la madre, por lo general, le resulta imposible la resignación ante el diagnóstico de un niño con deficiencia mental [ ... ] lucha por el niño como si se tratara de su propia existencia. Más bien, la madre lucha por su propia existencia; en forma de metáfora, la enfermedad del niño protege a la madre de su angustia" (Manoni, 1987: 68).
 
Esta aparición desafortunada del niño dentro de la familia y dentro de la sociedad, sin lugar a dudas tendrá consecuencias en su ulterior desarrollo, principalmente en el terreno de la socialización, ya que muchos de sus comportamientos antisociales deberán explicarse como reacciones ante situaciones familiares patógenas más que a elementos de carácter orgánico o cognoscitivo.
 
Tales conductas antisociales del niño con deficiencia mental parten muchas veces del núcleo o constelación familiar. Las actitudes de la familia y de la sociedad tienen un efecto importante en el desarrollo y establecimiento de las personas con deficiencia mental.
 
Sarason (1978) señala con respecto a este tema que los los retrasados mentales como los perturbados emocionalmente, han recibido su parte de estigmatización. Nuestra sociedad tecnológica es cada vez menos favorable para con las personas dependientes. En algunas culturas, el relativo bajo nivel de productividad económica del retrasado se reduce al mínimo, se compensa o simplemente se acepta. Pero nuestra sociedad es competitiva y hay en ella demasiada movilidad.
 
Conocer cómo ocurre el desarrollo de la personalidad en el individuo con deficiencia mental es un elemento importante para el logro e impulso de su desarrollo integral dentro de la sociedad.
 
En principio, es necesario puntualizar lo que varios autores han señalado con respecto a la presencia de un niño con discapacidad mental en una determinada familia. Morgenstern (1978) señala al respecto que este pequeño es tratado de una manera especial por parte de sus padres y hermanos, lo cual llega a alterar significativamente su proceso adaptativo.
 
Turchin (1974) menciona, que con frecuencia, el discapacitado mental es una persona a la que se mantiene marginada en el ámbito familiar; es como un miembro olvidado que no se menciona ni se reconoce. En otros casos, las familias asumen actitudes extremas ante la presencia de un niño con discapacidad dentro del seno familiar: pueden sobreprotegerlo o tener actitudes de marcado rechazo; ésto, obviamente, coarta la posibilidad del niño de enfrentarse a contradicciones y conflictos generados por su acción que le llegan a impedir un adecuado desarrollo personal, cognoscitivo y, desde luego, un mejor aprovechamiento del resto de sus potencialidades. Y, por otro lado, muestran, de acuerdo a Manoni (1987), manifestaciones de un  narcisismo herido ya que, al no cubrir el hijo las fantasías y expectativas que se habían hecho para  su nacimiento, rechazan al pequeño, quien es tratado en muchas ocasiones de manera discriminatoria.
 
Consecuentemente, el discapacitado mental es considerado como una persona no autónoma, al cual se le enseña frecuentemente a percibirse como disminuido, devaluado e incapaz de relacionarse exitosamente en su ambiente social. De ahí que, por extensión, su sexualidad sea vista de manera deformada por los padres, quienes, por un lado, prolongan la dependencia del sujeto hacia ellos y, por el otro, incrementan la dificultad para que aquél promueva una separación emocional del núcleo familiar.
 
Lo anterior conduce a una situación donde la sexualidad del niño o joven discapacitado mental es negada, disfrazada, ocultada o ignorada por temor de abordarla, ya por desconocimiento del tema o por otras razones similares, lo que muestra, en suma, una falta de conocimientos respecto de la sexualidad humana, que se traduce en actitudes de rechazo o negación acerca de la misma, así como de la importancia que ésta tiene para el sujeto con necesidades especiales.
 
Este hecho entorpece su proceso de descentración de la sexualidad, limita la expresión de la misma y la circunscribe a un autoerotismo rígido, a la satisfacción de sus impulsos sin considerar normas o valores morales y a la expresión de dicha sexualidad de modo semejante a las primeras etapas del desarrollo  infantil, es decir, caracterizada por la espontaneidad e impulsividad.
 
Asimismo, los padres de estos niños y jóvenes presentan temores y preocupaciones por determinados comportamientos socioafectivos de sus hijos que pueden ser malinterpretados por las personas que los rodean; ejemplos de ello son los expuestos por Achilles (1996), quien dice que algunos padres temen que sus hijas sufran de abusos sexuales por mostrarse confiadas y cariñosas con los extraños, o bien la marcada preocupación de algunos padres de familia ante la conducta de masturbación de sus hijos(as), pues temen que la realicen con demasiada frecuencia o en lugares públicos.
 
Este es el panorama que viven muchos niños y jóvenes con discapacidad mental respecto de su sexualidad. La tarea fundamental de los padres de educarlos sexualmente debiera partir de dos premisas: primera, que sexualidad no es genitalidad y, segunda, que la educación sexual debe ser abordada conjuntamente por los padres y los maestros, considerando en todo momento que dicha educación debe ser proporcionada en función de las necesidades específicas de los niños y abarcar no sólo la información biológica y anatómica, sino la formación e información sobre actitudes, sentimientos, comportamientos, autoimagen, valores y actitudes de vida. Desde luego, es necesario también utilizar los métodos y técnicas apropiadas a las personas con discapacidad mental, teniendo en cuenta sus limitaciones cognoscitivas, físicas y socioafectivas; así, los padres y maestros promoverán el respeto y la aceptación de la sexualidad de las personas con discapacidad ante la sociedad y lograrán que éstas se ganen un lugar como "personas" en la misma al defender el derecho que tienen de expresar y vivir su sexualidad.
 
Se impone, pues,  afirmar la sexualidad de las personas con deficiencia mental y su derecho a vivir y manifestar su sexualidad con total libertad y normalidad, en la medida en que sus posibilidades y potencialidades lo permitan.
 
Y como menciona Amor, (1995:121) ”Toda actitud y actividad de los familiares y educadores, que implique una restricción de la posibilidad de desarrollo y manifestación del deficiente en esta u otra área de su personalidad, son totalmente inadmisibles”.
 
Los deficientes mentales son seres humanos dotados de sexualidad y tienen derecho a la expresión de la misma. La sexualidad como forma de ser en el mundo y estar con los otros existe también en la persona con deficiencia mental.
 
El significado de la sexualidad para los deficientes es en principio el mismo que para el resto de las personas, es decir, la posibilidad de autodesarrollo, de expresión de sentimientos, de afectos, de contacto, de comunicación y amor. No tiene porque existir una ética específica para los disminuidos y otra para el resto de las personas. “Si el significado de un ser humano y el significado de la sexualidad son por naturaleza los mismos, la misma ética sexual es aplicable”. (Amor, 1995:121).
 
En un mundo que se quiere abierto a todos los valores, es útil recordar que todo ser humano, incluso el más despojado, es digno de respeto y sujeto de derechos inalienables e imprescriptibles.
 
Se puede afirmar que la importancia de la sexualidad en el desarrollo de la persona y de la personalidad del deficiente mental es incluso mayor. Por sus limitaciones y carencias, en especial en lo referente a sus posibilidades de verbalización, por las actitudes de la sociedad hacia su persona y la auto imagen que ha construído en él, hace del deficiente un criatura necesitada como pocas de estima, afecto, amor y cariño.
 
La persona disminuida mentalmente necesita de su físico como medio de comunicación para poder expresar sus sentimientos y saberse amada y aceptada. La sexualidad humana entonces, supone, expresa y realiza el misterio integral de la persona. La sexualidad no es una dimensión marginal del hombre, ni debe estar orientada solamente hacia la procreación. La sexualidad deja una huella profunda en todo el ser del hombre y engloba en sí una capacidad privilegiada para expresar el amor hombre-mujer. Por lo tanto, el acto sexual representa en sí una comunicación personal, en la que el hombre y la mujer se "conocen", superan   su soledad y se expresan su amor. Todo esto significa que la sexualidad es mucho más que una dimensión fisiológica que afecta la perpetuación de la especie. Es mucho más que eso, de ahí que deba considerarse en la multiplicidad de dimensiones que la conforman.
 
 
 
De acuerdo con Amor (1995) las dimensiones comprendidas en la sexualidad serán las siguientes:
 
 
A). Dimensión biológica: la sexualidad como pulsión.
 
El comportamiento sexual humano es generado desde las fuerzas vitales de las pulsiones biológicas y en su realización toma una importancia decisiva el principio biológico.
 
En esta línea, la sexualidad tiene un claro sentido procreativo; pero no es el único: existe una posible y válida separación entre la función unitiva y la procreativa. La sexualidad es también fuente de placer, en toda la plenitud y extensión del término.
 
Un ejemplo de esta dimensión biológica es señalado por Torices (1997), quien menciona que las personas con retraso mental entre ligero y profundo, manifiestan algunas peculiaridades en su desarrollo sexual. Ellos experimentan sus necesidades sexuales de alguna manera, que no es claramente comprendida por los que lo rodean. La masturbación es una de las principales conductas del chico con fetraso mental que impresionan a familiares, educadores y otros adultos. En torno a este evento del desarrollo sexual se tejen muchas confusiones y prejuicios. La autoestimulación que existe en forma variada en niños con retraso no significa necesariamente una conducta erótica, sino una necesidad de estimulación interoceptiva. Sin embargo, en ocasiones existe una marcada dependencia del chico con retraso hacia los adultos, lo que no sólo demora el conocimiento de su propio cuerpo, sino que posiblemente éste se encuentre mucho menos erotizado que el de sus coetáneos, todo esto puede ocurrir porque los adultos hayan estimulado menos o hasta rechazado este aspecto de su persona.
 
 
 
B): Dimensión psicológica: la sexualidad como fuerza integradora y como clave hermeneútica del Yo.
 
El comportamiento sexual es un comportamiento vivenciado y hecho conducta humana; no es sólo una necesidad, es también un deseo. Como todo en el hombre, posee una progresión madurativa, con unos grandes momentos:
*Sexualidad infantil.
*Sexualidad adolescente.
*Sexualidad juvenil.
*Sexualidad madura.
 
La sexualidad es una fuerza edificante del "Yo"; además, la sexualidad es una forma expresiva privilegiada de la persona.
Los adolescentes y jóvenes con retraso mental ligero o moderado pueden desarrollar aunque en forma rudimentaria, las instancias reguladoras de su personalidad,incluyendo los aspectos de identidad de género y su comportamiento de acuerdo con el rol genérico esperado. Su comportamiento moral puede mantenerse a nivel de normas y estereotipos adquiridos a su peculiar ritmo de aprendizaje social que, al menos se reduce a normas morales comprendidas a nivel concreto, sin otra generalización en un sistema de valores. 
 
Pero además los chicos con retraso mental ligero pueden lograr en su juventud una autovaloración de sus personas en diversas cualidades de su esfera sexual, una motivación consciente hacia la vida sexual, una representación concreta de sus comportamientos sexuales y de ideales sexuales, en fin,  una conciencia concreta de su identidad de género y del rol de género que desempeñan en diferentes situaciones. En suma se puede afirmar que:  “La psiquis de este tipo de personas y el proceso de formación de sus personalidades transcurre de acuerdo con las leyes fundamentales del desarrolllo psíquico”. (Torices, 1997: 130)
 
 
 
C). Dimensión existencial: la sexualidad como forma de la existencia personal.
 
El hombre es un ser sexuado: la sexualidad es una estructura conformadora de la existencia humana. La sexualidad permite el encuentro con los demás.
 
La sexualidad es expresión de la vida misma,  es la evidencia --en embelesos y arrebato-- de la alegría de vivir.
 
En relacion con esta dimensión Torices (1997: 131), menciona que "un joven o un adulto con retraso mental ligero o hasta moderado, tiene un proceso de representación de su propia sexualidad, de su comportamiento, de sus atracciones, que si bien es menos generalizado que el de un coetáneo no retrasado, resulta tan movilizador como el de cualquier otra persona". Algunos adolescentes o jóvenes con deficiencia mental pueden sufrir debido a diversas fallas en su educación, algún trastorno emocional que altere su comportamiento en general, y por tanto, su esfera sexual. Las experiencias del niño o el adolescente con deficiencia mental en la esfera de la sexualidad son un dispositivo estimulador del desarrollo de su persona.
 
Con base en las dimensiones de la sexualidad que se abordaron en párrafos anteriores, se puede decir que al hablar de  la sexualidad de un individuo, se estará haciendo alusión en todo momento, a algo que todos vivimos y sentimos cada día de una u otra forma. Se estará hablando de emociones, sentimientos, placer, comunicación, ternura, amor, procreación, expresión, vivencias, relaciones, gestos, miradas, etc. Y dado que todos/as somos personas sexuadas que experimentamos diferentes sentimientos,  ya que sentimos de diferente manera y vivimos nuestra sexualidad  de acuerdo con la educación que hemos recibido, es indudable que las diferencias en creencias, formas de ser, modo de relacionarse, gustos y preferencias en los deficientes mentales puede explicarse mas por las dimensiones psicológicas y existenciales que por las biológicas.
 
Si se está de acuerdo con esta afirmación, bien valdrá la pena preguntarse ¿por qué la sociedad pone en duda la sexualidad de las personas con deficiencia mental?, ¿ se debe hablar en específico de la sexualidad de estas personas?. Si esto fuera así, también se debería hablar de la sexualidad de un científico, de un  padre,  de un profesor , un estudiante, de un individuo sobredotado, etc.
 
Cuando alguien, por azar, se ve privado de la capacidad de caminar, de moverse como otras personas, de hablar como el resto de la gente o de reaccionar ante ciertos estímulos, como las demás personas, no por ello, se le va a privar de vivir su sexualidad. Esta persona sigue conservando la capacidad de emocionarse, de expresar lo que siente, de comunicarse,  de experimentar placer en cualquier parte de su cuerpo,  de fantasear, reír, llorar, compartir, etc. Todo esto constituye: el vivir y expresar la sexualidad.
 
Luego entonces, ¿Por qué negarles a los deficientes mentales su derecho a vivir plenamente la sexualidad?, ¿en qué somos diferentes el resto de las personas a ellos?.  Cómo bien señalan Valdemoros y Oraá Baroja (1998), quizás muchos/as de los que nos consideramos "normales" deberíamos ser catalogados de minusválidos y/o deficientes en muchos aspectos. ¿Porque quién no ha tenido la sensación de no poder expresar lo que siente a otra persona?, ¿quién no ha intentado fingir para ocultar sus sentimientos por ese miedo al rechazo?, ¿quién no lo ha pasado mal y se ha destrozado al no sentirse correspondido?, ¿quién no se ha hundido al ver como su relación se le iba de las manos y no encontraba la fórmula mágica para salvarla?, ¿quién no se ha sentido pequeño ante la indiferencia?, ¿quién no se siente mal y acomplejado/a al compararse con esos modelos de belleza tan imposibles de alcanzar?”
 
Tales interrogantes conducen la discusión con respecto a este tema, hacia las siguientes recomendaciones:
 
- Debe intentarse comprender y entender el papel que juegan las limitaciones  
   cognitivas y sociales en el deficiente mental,
- Ponerse en su lugar, conocer sus carencias o sus dificultades, para detenerse 
  menos en los obstáculos  y atender mas a las posibilidades que tiene de vivir su  
  sexualidad en forma digna y satisfactoria.
- Como dicen Valdemoros y Oraá Baroja (1998) ” Miremos primero a la persona 
  y dejemos para después los calificativos”. EL deficiente mental al igual que el  
  resto de las personas, merece la pena vivir digna y plenamente, aún con las 
  limitaciones que pueda tener.
   

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Bibliografía.
·      Achilles, I. (1996). ¿Qué anda haciendo su hijo? México: Edit. Diana
·      Amor P., J.R. (1995). Ética y deficiencia mental. Madrid: UPCO.
·      Heward, W.L. (1998). Niños excepcionales. Una introducción a la educación  especial. Madrid: Prentice Hall.
·      Manoni, M. (1987) El niño retardado y su madre.  Buenos Aires: Edit.  Paidós.
·      Morgenstern, M. (1978) El desarrollo psicosexual del retardado. New York, EUA: Medical College.
·      Papalia, D. (1987). Psicología. México D.F. Mc Graw Hill.
·      Sarason, I. (1978). Psicología Normal. México D.F. Trillas.
·      Torices R., I. (1997). La sexualidad en los discapacitados. México: Ducere
·      Turchin, H. (1974) Sex education for the mentally retarded.  Special Children, vol.1.No. 2. Fall. pp 20-25
·      Valdemoros, M.A. y Oraá B., R. (1998). ¿Deficientes en qué?. File:///Al/sexorate.htm
 
 
Instituto de investigaciones Psicológicas Universidad Veracruzana, México. Jbeltran@bugs.invest.uv.mx 
Instituto de Investigaciones Psicológicas U.V. fernan@bugs.invest.uv.mx 
 

 

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