Problema Social


El propósito de este trabajo es centrar el análisis en los factores sociales que hacen tan difícil la vida cotidiana de muchos individuos, específicamente la población con discapacidad y su núcleo más allegado. El concepto de problema social será esencial, porque gracias a él podremos dejar de lado las visiones médicas con que habitualmente se suele tratar.
"(...)Los problemas sociales constituyen una condición que afecta a un número importante de personas, de modo considerado inconveniente y que, según se cree, debe corregirse mediante la acción social colectiva". 

Tomar la idea de problema social nos obligará a preguntarnos por la cultura, las relaciones que se van estableciendo entre los miembros de una comunidad, las representaciones sociales, los estigmas. Es necesario dejar de lado el aspecto físico y funcional de la discapacidad para interiorizarnos en las posibilidades de integración que una comunidad ofrece a sus habitantes. Por eso se hace necesario hablar de la discapacidad como problema social.


Valores - Cultura


Tomar la dimensión cultural es requisito fundamental para poder profundizar cualquier análisis sobre integración. Los valores culturales se construyen desde una instancia más compleja que el conocimiento. Todos tenemos conocimiento de lo negativo y refutable que resulta la discriminación, la intolerancia, etc. Sin embargo, son actitudes comunes de observar en cualquier sociedad. El preguntarse por los valores, la cultura, implica ver más allá de los discursos. Y eso es aún más necesario cuando la integración plena no se da, cuando se dice que todos somos iguales pero en realidad la desigualdad de oportunidades es lo que reina.
La segregación y la intolerancia frente a lo diverso tiene que explicarse no por razones jurídicas ni económicas solamente, sino también por valores que se van construyendo entre todos. Los patrones culturales implícita y explícitamente influyen en las relaciones personales, en las acciones institucionales y hasta en los aspectos íntimos.
En líneas generales se puede definir a la cultura como el producto de la intervención humana en la naturaleza. Es decir, es un producto social. Sin embargo, es frecuente relacionar lo cultural con algo que es muy difícil de modificar, perdiendo de vista que somos nosotros los que construimos esas normas culturales.
Las costumbres y los valores influyen con mucho peso en las relaciones personales. Si uno no actúa como los demás esperan puede desconcertar u ofender. Lo mismo sucede cuando las personas tienen características psíquicas o físicas que no están incluidas como habituales en una comunidad. Para poder entender esto, es necesario comprender que cuanta menos participación activa haya de los habitantes, menos consideración por la diversidad habrá. El desarrollo cultural de una comunidad se puede medir por la riqueza de su diversidad y la interrelación creativa que de ella surja. 
Hay funciones estereotipadas en nuestra sociedad actual, como por ejemplo: la mujer en la cocina, personas de más de 60 años en tareas pasivas, personas con discapacidad como niños eternos y tristes, el blanco y delgado como triunfador. Estos estereotipos son producto de costumbres y prejuicios que pasan desapercibidas, incluso los que resultan damnificados las tienen interiorizadas. Se convierten en cómplices culturales de los valores imperantes. La única manera de poder revertir esta situación, es tomar conciencia de que todos tenemos derecho a ser protagonistas en la creación de los parámetros que rigen en una sociedad. 
Si una persona o grupo no tiene posibilidad de participar en la vida cultural de su comunidad, difícil será esperar un desarrollo económico o legislativo para ella. El concepto de discriminación alude en su sentido peyorativo3 a toda restricción o distinción (intencional o no ) de menoscabar el ejercicio de los derechos. Y esa desvalorización se manifiesta cuando se protege o cuando se rechaza, tanto cuando es de forma explícita o velada.
Todo este reflexionar sobre el tema de las costumbres y los valores, es decir, la cultura, tiene como propósito él obligarnos a mantener coherencia en la vida cotidiana. Dejar de lado los mitos y prejuicios que se esconden detrás de los discursos igualitarios y accionar para poder modificar esta cultura de la segregación.