EL LENGUAJE HACE LA DIFERENCIA

                                        *Lic. Silvia Chapov 
 
EL LENGUAJE HACE LA DIFERENCIA... 

El ser humano tiene la facultad de dotar de sentido a todo acto, todo pensamiento, todo sentimiento, todo objeto a través del lenguaje. En los primeros años de vida la madre o quien ejerza la función materna en primer lugar y el padre o quien ejerza la función paterna en segunda instancia van a ser quienes traduzcan las acciones en lenguaje y el lenguaje en acciones. “El ser humano nace y vive del lenguaje” Doltó. 

El lenguaje de los sonidos, los colores, las sensaciones, los gestos forman parte de la función simbólica que está presente desde antes de nacer. El feto percibe los ritmos, balanceos y sonidos que constituyen para él señales de seguridad o inseguridad. Tras el nacimiento los gestos, la mirada y la palabra del “otro” pasan a ser el primer lenguaje simbólico. El lenguaje articulado se desarrolla a partir de los 18 meses. La utilización del símbolo se considera adquirida a los 6 o 7 años.

 La palabra es mediadora, supone diferenciarse del otro, por ello se da articuladamente a partir de los 18 meses que es el momento en el cual los niños caminan y comienzan a despegarse de mamá y papá desde lo corporal y el espacio físico, que le permite explorar y diferenciarse él del resto del mundo, comienza también a tener libertad de movimiento en relación a los objetos y todo ello posibilita la aparición del lenguaje para poner palabras a la gran despedida que es separarse de mamá y saber que ella seguirá estando y que el lenguaje los comunicará y los vinculará. Por ello es fundamental que los adultos utilicen el lenguaje como medio de comunicación y que hablen con el niño con total franqueza, ya que ellos tienen desarrollada lo que se denomina la empatía y les permite recibir y percibir lo que se dice más allá de las palabras y pueden comprender todo de lo que uno les hable aunque no entiendan el total de las palabras.  

 

¿Qué pasa cuando el lenguaje no aparece y a cambio aparece la agresión y la violencia? En general la agresividad va ligada a la imposibilidad de hablar. Hay una edad cronológica donde aparece muy claramente, a los dos años los niños se comunican fundamentalmente a través del cuerpo y con muy pocas palabras ya que el lenguaje articulado recién está desarrollándose. Es muy común ver a un niño de dos años mordiendo, empujando porque quiere comunicar así su deseo de tener un juguete, por ejemplo. Esto no significa que el adulto promueva este tipo de comunicación, al contrario es él quien debe poner el lenguaje al servicio de esa acción y significarlo a través de él. La agresión más peligrosa es aquella que no resulta visible. Cuando un niño pequeño siempre está inmóvil y no se comunica puede llegar a ser muy violento y sobre todo poner esa agresión en trastornos psicosomáticos o psíquicos. Entender que un niño agresivo o violento nos está mostrando algo en relación a su angustia, a su pedido de ayuda, a su necesidad de límites, a su dificultad para ponerle palabras a sus sentimientos, nos permite actuar de otra manera en relación al tema. El solo hecho de comprender que el niño necesita que lo ayudemos a que encuentre sus propias palabras para significar sus acciones es, de por sí, un generador de cambio.

¿Y si se retrasa en la adquisición del lenguaje? Generalmente el niño que no habla es porque alguien lo hace en su lugar. Muchas veces es la madre quien interpreta todo lo que su hijo/a dice con un lenguaje que solo ella puede interpretar y eso hace que se vuelva casi imprescindible su presencia para que ese niño pueda existir y comunicarse. Por eso es fundamental que la mamá pueda mirar a un “tercero”(papá, compañero) para que el niño se transforme en sujeto y pueda buscar la manera de comunicarse con el resto del mundo. El lenguaje es lo que nos diferencia de los animales porque permite dar sentido a lo que sucede. Cuan beneficioso sería si el ser humano pudiera entender la importancia que tienen las palabras, los gestos, el juego para el desarrollo armonioso de un niño y porqué no también del adulto. Tenemos que ser “portavoces” del lenguaje en sentido amplio y de su utilización para entendernos a nosotros mismos y a los demás. Aunque parezca un juego de palabras considero que así deberíamos tratar de que fuera para hacer así la diferencia.

 

*La Lic. Silvia Chapov es Psicopedagoga 

 PSIGNOS  "Una mirada psicopedagógica sobre el ser, el hacer y el aprender" 

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