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| Sibila Camps scamps@clarin.com |
Uno de cada cinco hogares de la Argentina alberga al
menos a una persona con discapacidad. Así lo revelan
los resultados preliminares de la Encuesta Nacional de
Discapacidad (ENDI), la primera de este tipo en el país
y en América latina. El 7,1% de la población tiene
alguna discapacidad: en números absolutos, son 2.176.123
personas.
Los datos fueron relevados entre noviembre de 2002 y
abril de 2003 en una muestra de
unos 67.000 hogares urbanos de todo el país,
en localidades de al menos 5.000 habitantes, lo que
representa al 84% de la población total. La ENDI,
complementaria del Censo 2001, tiene como objetivo
“cuantificar y caracterizar a las personas con
discapacidad en lo referente al desenvolvimiento de la
vida cotidiana dentro de su entorno físico y
social”.
“Durante muchos años, el argumento del Estado para
no realizar acciones en este área fue que no sabíamos
de qué población hablábamos. Ahora están los números
que nos permiten empezar a generar cosas concretas”,
señaló a Clarín la
presidenta de la Comisión Nacional Asesora para la
Integración de las Personas con Discapacidad
(Conadis), doctora Susana Sequeiros.
Hay más mujeres con discapacidad
que hombres: 53,6% y 46,4% respectivamente (es
preciso recordar
que el 52% de la población argentina son mujeres).
El 11,7% de las personas con alguna discapacidad tiene
menos de 15 años, el 48,5% tiene entre 15 y 64 años,
y el 39,8% restante (866.258) tiene 65 años o más.
Las discapacidades más frecuentes
son las motoras (39,5% ), con predominio de
afectación de los miembros inferiores (61,6% ).
Les siguen las visuales (22% ), las auditivas (18% ) y
las mentales (15,1% ). Entre estas últimas, el 63,2%
son retrasos mentales y el 36,8% problemas mentales,
como psicosis infantil o autismo.
Hasta aquí, las cifras de la encuesta son similares
a las de los países desarrollados, con los que
Argentina comparte el promedio de expectativa de vida.
Pero otros datos llaman la atención: en el 43,9% de
los casos, la persona con discapacidad es el jefe o la
jefa de hogar; en el 23,6% se trata de hijos, y en el
16,7% del o de la cónyuge.
“El dato de los jefes o jefas de hogar permite
visualizar no sólo la parte negativa: no por ser
discapacitado no se puede ser tal o cual cosa”, señala
Sequeiros.Habrá que ver, cuando se procesen otros ítems
de la encuesta, si ese dato admite únicamente una
lectura positiva; en especial si se tiene en cuenta
que el 38,4% no tiene cobertura de
salud (en el nordeste, más del 50% ).
“Y quienes sí tienen cobertura, no reciben todo lo
que deberían, por lo que también van al hospital público
–advierte la médica–.
Pero en la Argentina no hay una estrategia de atención,
porque la discapacidad nunca fue parte de la agenda
nacional de salud. Y sin embargo empieza como un
problema de salud, pero cuando nadie le da respuesta se
transforma en un problema social”.
La presidenta de la Conadis destaca la importancia de
haber determinado que en el 20,6% de los hogares de la
Argentina vive al menos una persona con discapacidad.
“El impacto de la discapacidad en un grupo provoca
una alteración en los roles que se cumplen dentro del
núcleo familiar –explica–. Además, esa persona
genera trabajo extra y un fuerte impacto económico”.
Se trata de 1.802.051 hogares,
lo que expresa la magnitud del problema. “Hoy, el
Estado ha comenzado a asumir la función que le
corresponde –afirma Sequeiros– para minimizar el
problema y mejorar la calidad de vida de estas
personas. No hace falta tecnología de última
generación, sino una estrategia
que permita llegar a todos, con acceso fácil y
a partir de los recursos económicos reales”. •
Gentileza Diario "Clarin"
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