JUEGOS TEATRALES

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Por Lic. Dora Kweller

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INTEGRACIÓN DEL ADOLESCENTE 
CON LIMITACIONES AUDITIVAS
CON NORMO-OYENTES
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Espero desde este artículo poder integrar y valorizar lo que plantean los profesores adherentes al método gestual, los profesores adherentes al método combinado y los oralistas puros; esa eterna discusión que tienen los docentes olvidando que no hay enfermedades sino enfermos. Trasladando esto a los sordos, no hay un discapacitado auditivo sino un chico, una familia, una posibilidad económica, una cultura, una moral, un deseo y por detrás un chiquito sordo, hipoacúsico leve con o sin problemas sobreagregados.

¿Sería útil crear talleres de juegos teatrales donde se pudieran integrar personas con problemas auditivos con oyentes?

¿Y qué es el juego teatral? El juego teatral es la posibilidad de representación lúdica grupal, de expresión y de estímulo a la imaginación que despierta el coordinador a través de distintas consignas que ayudan al grupo a crear escenas juntos. La posibilidad de jugar con el otro es comunicación, la posibilidad de dramatizar lo que nos duele es comunicación y un camino hacia el bienestar psíquico. La posibilidad de tener un espacio donde puedan trabajar sordos gestuales, orales y oyentes es comunicación e intercambio, y es prevenir la enfermedad psíquica.

Los juegos teatrales ayudan a revertir los aspectos negativos de la rehabilitación oral o gestual al promover un trabajo grupal, los compañeros ayudan a crear la escena, y el esfuerzo no es individual sino comunitario. Por otro lado, la actividad lúdica y la expresión gestual, inhibidas durante los años de rehabilitación oral, se estimulan y recuperan con los juegos teatrales donde es posible manifestarse con la voz y con el cuerpo. El cuerpo olvidado en sus posibilidades expresivas se endurece. Es común observar chicos sordos oralizados con actitudes posturales rígidas sobre todo en la zona del cuello, caminando como pequeños soldados, habitando un cuerpo que no saben mover.

         La actividad creativa permite desbloquear a la persona, fusionar cabeza y cuerpo, armonizar la expresión del lenguaje con la actitud corporal. El taller es un espacio donde se puede expresar la agresión, la tristeza, la valentía, el dolor, el amor, la furia... con cuerpo, palabra y gestos. Las escenas que los adolescentes crean, en general representan problemáticas de sus vidas cotidianas y situaciones imaginativas creadas y discutidas por todo el grupo que las representa. Para los chicos sordos esta es una situación nueva: poder decir qué piensan y sienten. Salen del esquema pedagógico escolar al que están entrenados, para ingresar en un trabajo de apertura que los estimula a expresarse sin miedos a ser calificados. El chico sordo se expresa como puede, nadie lo evalúa sino que lo contiene. El grupo es su soporte, tiene un espacio de libertad.

¿Cómo se sienten en el taller? El clima del grupo es festivo, los chicos vienen con mucho entusiasmo y expectativas, esperando con avidez las consignas del día. Es fascinante observar cómo se acoplan sordos y oyentes para crear la escena que se convierte en un producto común, en un bebé que han parido y que todos se esmeran en mostrar.

El mutuo aporte de sordos y oyentes para la corrección de situaciones es fundamental para el juego teatral. El oyente aporta su conocimiento de los diferentes matices de expresión:

- Cómo se te ocurre que Romeo le decía a Julieta “me gustás mucho” tan suavemente. Le expresaba, apasionadamente “Te amo!”

El sordo colabora con su observación minuciosa:
- ¿Cómo entraste por la puerta si no la abriste?

         El aceptar la opinión de los otros chicos sin ofenderse es un aprendizaje de convivencia que posibilita la modificación de conductas a partir de la respuesta de los demás. Durante la evaluación teatral se estimula a los participantes a poner en palabras las emociones que ha despertado cada escena y cada personaje, lo que permite un reconocimiento de vivencias y afectos no siempre percibidos, y muchas veces negados en la vida cotidiana.

         Como en los juegos teatrales la expresión es verbal y mímica, al sordo le cuesta menos captar el mensaje y la comunicación se agiliza. La observación de diferentes escenas teatrales le enseña a convertirse en una especie de detective comunicacional; cada palabra, cada gesto, cada mirada, le está transmitiendo lo que el otro siente. Es un despertar a la comunicación emocional. En general, el adolescente sordo es muy inquieto y ansioso; en juegos teatrales aprende a esperar, a evaluar, a reflexionar, a dar su opinión, a tener una actitud meditativa.

El poder observar a los oyentes a través de la teatralización, le permite al hipoacúsico conocer modos de verbalización y gesticulación que enriquecen su bagaje comunicativo. Los oyentes comienzan a comprender al sordo desde la fascinación y el asombro que les produce su capacidad para crear, prescindiendo del sonido de la música y el ritmo. Podemos decir que tanto hipoacúsicos como oyentes, a través de los juegos teatrales, aprenden a enfrentar situaciones nuevas elaborando respuestas no estereotipadas: autoafirman la noción del propio cuerpo, ejercitan la percepción, memoria y atención, enriquecen el vocabulario, aceleran los procesos de creación, promueven la adaptación y la cooperación grupal y, especialmente el hipoacúsico, reconoce y se adecúa a los límites del tiempo.

El aprendizaje que realizan los niños sordos durante la rehabilitación oral desarrolla un alto nivel de competencia. No solamente compiten por lo que saben, sino por el grado de pérdida auditiva, por la posibilidad de leer mejor o peor los labios y por la inteligibilidad de la palabra. Este nivel de competencia impide el crecimiento de tendencias solidarias y promueve celos y envidias hacia el compañero que habla más y mejor, favoreciendo el individualismo y fomentando el aislamiento. Por otro lado, el medio espontáneo de interacción en la infancia (el juego compartido por sordos y oyentes) se pierde en la pubertad, donde el lenguaje verbal pasa a ser el pilar de la comunicación. El diálogo conflictivo y dificultoso entre sordos y oyentes se puede recuperar a través de una tarea creativa común como los juegos teatrales, donde se utiliza el juego como modo de acercamiento y reconocimiento, a la vez que brinda seguridad y confianza en la posibilidad de comunicación entre dos mundos muchas veces fracturados.

Las evaluaciones que hicieron los chicos después de dos años de trabajo en conjunto confirmaron mis hipótesis: Katia, hipoacúsica leve, evaluó su participación en el taller de esta manera: “Yo era muy tímida, no quería hablar en público por miedo a que se burlaran de mi voz, pero desde que vine al taller me animé”. Del otro lado Carlos, oyente, dijo: “Fue una sorpresa conocer chicos sordos, estaba acostumbrado a Carla, que se le entiende perfecto. Al principio no sabía si seguir viniendo porque me costaba entenderlos, pero después me copó la tarea. Me sentí muy importante”. Por su parte Carolina, oyente, lo expresó de esta manera: “No pasaba sólo por hablar de frente, más lento o modular mejor, que me pareció difícil sólo al principio, sino que no podían entender que siendo oyente fuese capaz de hacer teatro con ellos y exigían que los comprendiese, atendiese y escuchase de una manera especial; era como si me dijeran ‘No te fijes que soy sordo, pero acordáte y tenéme en cuenta’. Finalmente Lucas expresó: “Me copó trabajar con Sebastián, sordo gestual; soy tan inhibido, nunca uso mis manos ni mi cuerpo para expresar un pensamiento. Es increíble la facilidad que tiene Sebastián para expresar emociones sin hablar, es genial, me conmueve. Es un verdadero actor”.

 

Para este tipo de trabajo se estilizó como patrón de la tarea el libro de Roberto Vega “El Teatro en la Educación”. Se adaptaron las consignas al tipo de grupo que teníamos y se crearon nuevas consignas y formas diferentes de trabajo. Desde mi tarea como psicóloga clínica y familióloga, pienso que se debería tratar de incluir en el sistema de enseñanza de todas las escuelas del país un espacio de juegos teatrales para sordos y oyentes, para así fomentar el deseo de jugar con el otro y de tener el placer de entender y ser entendido. Eso es comunicación, y eso es integración.

Realicé este taller de juegos teatrales hace diez años con sordos oralizados, chicos gestuales y oyentes. Los oyentes que participaron eran estudiantes del Profesorado de Sordos, psicólogos, vecinos de los chicos, amigos, familiares y fonoaudiólogos. El cierre del taller fue filmado, y aún hoy (después de diez años) algunas de las personas que participaron en los mismos han fundado lugares de creatividad donde utilizan los juegos teatrales para integrar a las personas.

Permitir a los padres que elijan lo que ellos creen conveniente para el chico sin presionarlo con dogmas, es promover la libertad y el deseo de cada familia; no olvidemos que la fe mueve montañas. Si hay padres empeñados en oralizar al chico, que pesquisan en su hijo un CI muy bajo, es una pena limitar a este tipo de chicos a un lenguaje sólo oral. El mundo es gestual y oral, el chico podrá sumar en lugar de restar, y elegir ya adulto (a pesar de las dificultades que significan integrarse a un mundo oyente) la sociedad y la cultura donde él se sienta más cómodo y más feliz. ¿O acaso no hacemos lo mismo los oyentes?, elegimos estar con quienes nos produce más placer.

         ¿Qué papel jugaría para todos los chicos sordos (gestuales, orales, educados con método combinado) un espacio donde se valorice la comunicación corporal no sólo gestual, dado que nuestros ojos transmiten mensajes, el movimiento de nuestro cuerpo y las posiciones que adoptamos hacia los demás? Realicé un taller de juegos teatrales con sordos gestuales, orales y oyentes. Duró dos años con una frecuencia semanal y en este artículo trato de explicar los beneficios de este taller para las personas sordas y también para los oyentes.

La tónica de cada reunión era comenzar con ejercicios de confianza, basados en el trabajo corporal sin palabra y juegos propuestos por los chicos, para luego pasar al trabajo grupal con consignas. Estas fueron extraídas del libro “El teatro en la Educación” de Roberto Vega, y fueron adaptadas para el trabajo con los hipoacúsicos.

Cuando finalizaba el taller cada uno debía poner en palabras lo que había sentido ante determinadas escenas: si le fue difícil jugar el rol, si se sentía cómodo, si le gustó el trabajo, si hubiera podido imaginar otro desenlace; también opinaban sobre la actuación de sus compañeros. Para los chicos sordos ésta era una situación nueva, poder decir qué pensaban y sentían sin temor a ser calificados. Salieron del esquema pedagógico escolar al que estaban entrenados, para ingresar en un trabajo de apertura que los estimulaba a expresarse sin miedos. En juegos teatrales, como la motivación es interna, el chico está muy atento, se divierte y está muy interesado en crear la escena como participante de un grupo. El se expresa como puede, nadie lo califica sino que lo contiene, el grupo es su soporte, y en él tiene un espacio de libertad.

                                                              Lic. Dora Kweller*

                                                                              

* Dora Kweller es psicóloga y familióloga, asesora en Juzgados de Familia. Autora del libro El proceso de entender y ser entendido (Guía para padres y chicos con limitaciones auditivas). Creadora de talleres en el Instituto Oral Modelo para padres, familiares y amigos del discapacitado auditivo y ex-coordinadora del Instituto Cre-siendo (Instituto de Orientación familiar). Asesora en los programas televisivos de la Fundación Favaloro para las temáticas sobre adopción y sordera.

Para comunicarse con la Licenciada: dorakweller@sinectis.com.ar


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