NACIONES UNIDAD
NOTICIAS DE LA CEPAL
(Comisión Económica para América Latina y el Caribe)

 

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SITUACIÓN DE INDÍGENAS Y AFROAMERICANOS

EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
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Estudio de la CEPAL identifica pobreza, exclusión y marginalidad en:
SITUACIÓN DE INDÍGENAS Y AFROAMERICANOS
EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

 

¿Por qué ser indígena o negro en América Latina y el Caribe es sinónimo de
pobreza? La población indígena representa aproximadamente un 10% del total
de la región, mientras que la de origen africano -incluidos negros y
mestizos- bordea el 30%. Tras siglos de exclusión y negación, estos grupos
siguen siendo tratados como minorías, aunque en sus respectivos países no lo
sean.
Sin embargo, sus demandas se presentan ahora con mucha fuerza y tienen gran
visibilidad, tanto al interior de los países de la región como en los foros
internacionales. Algunos grupos indígenas exigen autonomía territorial y
mayores niveles de autogestión de recursos. El separatismo se ha convertido
en un fantasma que ronda en algunos países.
Según un estudio reciente de la Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL), "la pobreza, la marginalidad y la exclusión se han
convertido en una característica estructural" para indígenas y negros.
En Etnicidad, "raza" y equidad en América Latina y el Caribe, de los
consultores Alvaro Bello y Marta Rangel, se demuestra que la mayoría vive en
situación de pobreza y no tiene, hasta el momento, una educación que
considere sus particularidades culturales, lingüísticas y religiosas.
En muchos casos, han perdido sus principales medios de subsistencia, como la
tierra y los recursos naturales. Desde hace décadas que emigran a los
grandes centros urbanos, donde acceden a trabajos precarios, mal remunerados
y de baja calidad.
Bello y Rangel entregan un panorama global sobre la actual situación de
indígenas y afroamericanos y contrastan la cruda realidad presente con los
impresionantes avances de las últimas décadas en el campo de los derechos
humanos reconocidos universalmente y de los derechos específicos de estos
grupos. Por último, proponen algunas ideas nuevas.
Según los autores, la discriminación étnico-racial es herencia del
colonialismo luso e hispano-criollo y constituye verdaderos "colonialismos
internos" que contradicen el mito de una integración real. Al contrario, la
integración de indígenas y afroamericanos ha tenido, más bien, "un carácter
simbólico en el discurso y negado en la práctica".
Pese a esto, la situación actual de los pueblos indígenas no es comparable a
la de hace unas décadas atrás, cuando un porcentaje mayoritario residía en
zonas rurales y era visto por el Estado como campesinos pobres. Esto cambió
drásticamente durante los años ochenta y noventa. Si bien subsisten áreas y
territorios indígenas - las tierras ancestrales-, la migración hacia las
ciudades creó nuevas áreas de residencia donde habitan grandes conglomerados
indígenas de origen campesino, así como las descendencias sucesivas de
migraciones más antiguas. Lo mismo ocurre con los afroamericanos, quizás con
mayor fuerza debido a que no poseían derechos sobre grandes extensiones
territoriales.
 
La noción de pertenencia a una comunidad y de adaptación a los cambios de la
modernidad ha probado ser muy dinámica. La migración ya no es sinónimo de
desarraigo cultural o pérdida de identidad, dicen los autores, quienes
sostienen que "el espacio urbano se ha transformado en el nuevo escenario
para el despliegue de la diversidad cultural latinoamericana".
En Ciudad de México, Bogotá, Santiago, Lima se han formado verdaderos
barrios indígenas que dan cabida a oleadas sucesivas de nuevos migrantes y
constituyen redes formales e informales, organizaciones vecinales,
culturales, políticas y productivas que tienen como núcleo aglutinador una
identidad colectiva. En el caso de Chile, más del 70% de la población
indígena (unas 700.000 personas) vive en áreas urbanas. Los vínculos
sociales, lo comunitario y el parentesco no sólo no han desaparecido sino
que parecen recrearse y profundizarse, hasta constituir un "capital social
indígena" de gran valor, según el estudio de la CEPAL.
La educación es un factor central en la situación de desigualdad y
exclusión. A los problemas de acceso y cobertura se agregan los de
"pertinencia" pedagógica, aunque hay avances en este aspecto ya que el
enfoque de asimilación cultural que prevaleció durante mucho tiempo ha sido
abandonado. Ahora, en Bolivia, Guatemala, Chile y otros países, se comienzan
a respetar las diferencias culturales, el bilingüismo, y se enseña a valorar
las diferencias que existen al interior de las sociedades, aunque aún falta
mucho por avanzar.
La discriminación étnica es otra de las principales causas de inequidad en
salud. A esto se suma el evidente deterioro de los recursos naturales y la
pérdida o disminución de los territorios ancestrales. En varios países, los
grandes proyectos de desarrollo tienen muchas veces consecuencias negativas
para las poblaciones indígenas. Las talas indiscriminadas de bosque nativo,
la extracción petrolífera o la construcción de embalses o represas han
tenido para ellas y su entorno consecuencias devastadoras.
Por otro lado, a nivel continental se avanza en el reconocimiento de los
derechos ancestrales indígenas en cuanto a territorio, medio ambiente,
posesión, administración y uso de recursos. En Brasil, Bolivia y Ecuador,
este reconocimiento ha sido plasmado en las Constituciones respectivas.
Existe un conjunto de organismos internacionales y multilaterales que están
abordando a fondo la lucha contra la discriminación y exclusión por razones
de raza y etnicidad. Sin embargo, hasta ahora muchas declaraciones son sólo
eso, declaraciones sin efectos reales para los indígenas.
Una de las conclusiones del estudio es que, hasta hace sólo una década, en
algunos países con elevada cantidad de población indígena aún se creía que
estos grupos eran parte del pasado y que el avance de la urbanización haría
realidad el viejo sueño de la asimilación e integración de los grupos
gobernantes.
Otra conclusión es que la globalización, la universalización de los derechos
humanos y la emergencia de identidades han puesto en duda la lógica del
Estado-nación tradicional. La homogeneidad y la "unidad nacional" están
dando paso a la heterogeneidad y a la aceptación de las diferencias. Crece
la conciencia de que, para superar la pobreza, los Estados ya no pueden
buscar fórmulas sólo en el plano de las estrategias tradicionales, sino que deben reformular su relación histórica con los pueblos indígenas.
 
Para más información, contactarse con Alvaro Bello: alvarobe@netexpress.cl (56-2) 638-4135,
o con Marta Rangel: martarangel@hotmail.com   (56-2)271-7481.
El documento puede solicitarse a la División de Desarrollo Social
de la CEPAL.
 

 

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