PARA LA INTEGRACION ESCOLAR 
DE LOS CHICOS AUTISTAS

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“Yo aprendo despacio, pero sé jugar”
Aunque la ley ya respalda la integración 
de los chicos con necesidades educativas especiales, 
no es fácil cambiar las tradiciones de cada
institución y las actitudes de cada maestro.
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Las instituciones educativas funcionan legitimando modelos, de los que,
lamentablemente, muchas veces lo diferente queda excluido. Como excluido se sintió Hugo, un niño de 7 años que cursaba segundo grado de “recuperación” en una escuela “común”. Según el padre, la maestra había dicho que, como molestaba y tardaba en terminar de copiar del pizarrón, no había podido pasar de grado y así quedó otra vez en segundo de “recuperación”. La maestra pensaba que algún día lo iban a pasar con los de “común”.

“Silvia de recuperación” era el nombre que había que invocar para
comunicarse con la maestra. Me dijo: “No sabemos dónde ponerlo, porque para pasar a segundo común no está preparado y para primero común tampoco porque ya sabe leer y escribir. No sabemos que hacer, porque el año que viene se termina lo “de recuperación” en esta escuela.

El niño dice: “No tengo amigos porque los de ‘común’ me dicen que soy un
tonto. Yo les digo que aprendo más despacio pero que sé jugar al tinenti y a
las bolitas como ellos..., pero igual se ríen de mí. ¿No es cierto que no
soy tonto?”.

La cualidad de los héroes, en la escuela de Hugo, pareciera ser poder
terminar de copiar del pizarrón y responder adecuadamente y en el momento
oportuno a lo que se espera de ellos. Esto los coloca como “exitosos”,
“hábiles”, “inteligentes” y “productivos” en la escala de valores.
Esta escala de valores, que responde a ciertas concepciones básicas acerca de la educación, la escuela y el aprendizaje, y que predomina en algunos sectores de la sociedad, hace que los niños con necesidades educativas especiales adhieran muchas veces su identidad a aquello que se les presenta como única posibilidad de ser. Ser “recuperables” o no; ser “común” o ser “especial”, ser “diferentes”.

Pero la historia parece querer modificarse ante al cambio de paradigmas en
relación con la diversidad. La integración educativa, en los últimos años,
surge con más fuerza como la posibilidad concreta de los alumnos con
necesidades educativas especiales de acceder al currículum en una escuela
común según su desarrollo y ritmo de aprendizaje.
Esto es un derecho, no un privilegio, y debe formar parte de la estrategia
global de educación de calidad para todos.

Los cambios legales para favorecer la integración educativa han supuesto un
respaldo importante a esta línea de actuación. Sin embargo, la nueva
normativa jurídica no produce directa ni necesariamente modificaciones
relevantes en la práctica docente. La inclusión alude a un proceso de
aprendizaje institucional que se desarrolla a través del tiempo y en el que
intervienen múltiples factores.

Trabajar aspectos relevantes de la cultura institucional que compromete a
toda la comunidad educativa, identificar las necesidades de un amplio
abanico de alumnos, proporcionar contextos de aprendizajes diferenciados,
evaluar el aprendizaje diferenciado, hacer que la diversidad y la diferencia
sean bien acogidas en el aula, gestionar un currículum que tenga en cuenta
las necesidades y las habilidades de los niños, son algunas de las
implicaciones que subyacen al concepto de atención a la diversidad en la
escuela primaria.

Este año, visité algunas escuelas de la ciudad de Palma de Mallorca, España, en las que se lleva a cabo un programa de integración desde el Centro Específico Para Niños Autistas “Kaspar Hauser” que pertenece a la Asociación de Niños Autistas de Baleares y dirige la Lic M. Isabel Morueco. El modelo educativo que implementan para la integración escolar era el del “Aula Específica”. Proporciona a los niños con necesidades educativas especiales un ámbito de enseñanza personalizada dentro de la escuela ordinaria y la posibilidad de integrarse por áreas de acuerdo con sus intereses y capacidades en los demás grados de la escuela. Además del desarrollo de sus destrezas cognitivas, y de las diferentes posibilidades de interaccionar socialmente que este modelo educativo les ofrece, es destacable la sensación de bienestar emocional que los niños transmiten cuando comparten actividades con el resto de la escuela.

También pude observar la actitud de los demás niños de la escuela hacia
ellos: les brindan ayuda, los incluyen en los juegos, les enseñan las reglas
de alguna actividad cuando así lo necesitan, y también se pelean con ellos
como con cualquier otro chico. Todas esas eran actitudes espontáneas, que se daban en mayor o menor medida según la circunstancia. Y cada uno de esos chicos, a pesar de que no todas las actividades pudiera comprenderlas o realizarlas, era uno más en el conjunto de la escuela.

Plantearse una experiencia de integración es una oportunidad para que toda
la comunidad educativa se forme en los derechos por el respeto de sus
semejantes.

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* Liliana Kaufmann
kaufmann@radar.com.ar
 
Licenciada en psicopedagogía. Integrante del Equipo Interdisciplinario
para Patologías Severas de la Infancia en la Liga Argentina Israelita contra
la Tuberculosis. Asesora pedagógica del Instituto Superior de Enseñanza en
Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Directora de “R.Ed.Es”.

Mail de estas páginas: psicologia@pagina12.com.ar . Fax: 4334-2330.

 
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